17 abr. 2016

Yo soy yo


- Sabes mamá, dice papá que al principio, nosotros, éramos uno.
¡ Yo !
- Jajaja, ¿ por qué tú ? Qué gracioso... Erais uno, sí, pero no teníais por qué ser tú, bicho, de hecho, ese sentido del yo, no existía. Y durante un tiempo tampoco existió. Más bien éramos uno los tres, tú, tú y yo. Misma carne y venga teta y teta.
- Yo soy yo, y antes de que fuéramos dos, éramos yo.
- Vale, si quieres pensarlo así... pero es algo distinto. Erais una sola célula que después se dividió y se convirtió en dos seres, tú y tú, dos micos.
- Oye, que yo no soy un mico...
- Ni yo tampoco...
- Ahora ya sois un poco más que micos. Mañana es vuestro cumple, seis añazos, y la mitad de mi sistema nervioso se han ido por el camino. Ya os estáis haciendo muy mayores. En breve estáis echando por ahí el curriculum para trabajar en algún sitio.
¿ Sabéis cuando uno deja de ser un niño ?
- ¿ Cuándo ?
- Pues cuando deja de reír y de jugar.
- Tú, mamá, entonces sigues siendo una niña.
- Pues sí, y con vosotros más. Me gusta jugar, reír con vosotros y haceros reír. No perdáis nunca esa sonrisa tan abierta. Hay gente que se hace muy seria y no se ríe nunca, ni corre, ni juega, y siempre van con la ropa muy limpia, y nunca comen con las manos, ni pintan con los dedos, que ya no se entusiasman con la nieve, o con las bolitas de granizo que caen del cielo, con las cigüeñas que vuelven al nido o con un nuevo pastel de chocolate, y nunca se quitan la camiseta y se quedan en chichas al sol.
- Yo tengo una profe que es muy seria, y dice que no nos reímos.
- Bueno... me gustaría ver cómo son sus clases y por qué no os reís... La risa se contagia, se pega, se provoca, se comparte. Si eres más tieso que un palo, y más seco que un higo seco... pues evidentemente... no te vas a reír.
- A nosotros nos gusta Lucia. No nos quites esa profe de inglés, eh mamá...
¿Sabes una cosa ?
- Nos gusta mucho jugar al parchís con la abuela, pero a veces hacemos trampas, y si nos tenemos que comer una ficha, pues Martín y yo nos perdonamos siempre.
- Trampososillos... hay que respetar las normas del juego. Seguro que contáis de más, a veces.
- ¡ Sííí ! Jajaja, pero la abuela nos deja.
- El otro día también jugamos a la Oca, pero la abuela no se sabe las leyes de la Oca.