6 mar. 2016

La muerte


- Hoy ha empezado en el Centro de yoga una mujer muy mayor, más cerca de los ochenta que de los setenta. Ha entrado con calcetines y con gafas de sol a la sala. Completamente despistada. Con una enorme cifosis visible, aparte de otros muchos problemas invisibles pero latentes. Como un pajarín.
- ¿ Tan pequeña como un pájaro ?
- No, quiero decir tan delicada, tan indefensa. Pero a la vez atrevida, entrar a practicar con su cuerpo entre un grupo de personas mucho más ágiles y jóvenes que ella. Y allí está. Para que haga algo de pie, me tengo que poner detrás de ella y sujetarla con mi propio cuerpo. Me conmueven mucho estas cosas. Este querer mejorar cuando ya queda poco de la vida, la fragilidad, como un juguete roto... Intentaré que se encuentre mejor.
Hoy, cuando trabajaba con ella, me venía a la cabeza la imagen de alguien queriendo poner un taco taladrando, para colgar un cuadro en una pared muy vieja y desconchada.. Algo casi imposible. Ese querer estar bien, mejorar, ese aferrarse a la vida y a la salud es algo increíble.
Ayer sin embargo se ha ido el pequeño Andrés, con sólo nueve años... y pienso que no hay dios, que es un absurdo, una completa injusticia que un niño tan pequeño muera y no tenga oportunidad de vivir, de explorar, de crecer. ¿ Qué sentido tiene nacer si a los nueve años se corta la vida ? y no quiero ni imaginar el dolor que se instala en el corazón de sus padres para siempre, de sus hermanos, de su familia.
- Estaba muy malito ¿verdad ? A nosotros nos dijo el otro día, "hola Nicolás, hola Martín".
- Pobrecito mío, qué dolor. Creo que vosotros no sois conscientes aún de todo esto, la muerte y demás... uno tarda en habituarse a estas cosas... a que la vida termina, a que dejas de ver a tus seres más queridos, pero a veces es demasiado pronto, demasiado...
Mandadle un besito por el aire, le llegará, allí donde esté.
- Nosotros vimos el otro día, desde la ventanilla, un coche de esos largos, negros, con roscas de flores, y con unas vías de tren dentro por las que rueda una caja larga y la puerta de atrás estaba abierta, no había ningún muerto, creo que se lo habían llevado.
- En fin, la vida sigue, pero para esos papás quedará algo roto en el camino, imposible de pegar. Nada puede sustituir a ese pequeño.
¿ Entendéis ?
- Sí.
- La muerte es parte de la vida. Nada más empezar a nacer ya empezamos a morir. Todo es uno, es como ir en una carrera pero no sabes cuando llegas a tu meta.
- Mamá,
- Dime cariño.
- Te quiero mucho.