26 ene. 2016

El cine


-Mamá, me dijiste que habías visto esta peli, y ni siquiera te acuerdas del nombre de los villanos.
- Es verdad... esa peli la vi yo en el cine Emperador hace muchísimos años. Parece que fue hace un siglo.
El tiempo de los grandes cines pasó, cariño, esos edificios a veces majestuosos, llenos de maderas y cortinas de terciopelo, palcos, acomodadores con linterna, foso de música, telones.... edificios racionalistas que contaban miles de historias en su interior.
- Yo la vi en el centro comercial.
- Lo sé... esto ya no es lo mismo. Sé que soy una romántica cariño... y pido imposibles o que te cuento las historias de la abuela cebolleta, pero realmente echo de menos algunas salas, aún hay ciudades donde hay cines grandiosos, esplendorosos, que a la vez son grandes teatros.
- ¿ Eres una romántica, mamá ?
- Sí, jajaja, me encantaba ver esos pequeños fotogramas de las pelis que anunciaban el ambiente de lo que ibas a ver, a través de unas fotos ya ibas entrando en la peli.
Creo que el gusto por el cine, me lo pasó Eloína.
Después hubo muchas más personas que me ayudaron a crecer en este arte... a conocer más, pero Eloína hizo algo que jamás olvidaré.
- Eloína era una ¿ "actora" ?
- ¡ No ! Jajaja, Eloína era una mujer de unos cincuenta o sesenta años, era una vecina, soltera, amante de los niños y de las plantas, misionera y muy religiosa.
Su trabajo era acomodadora del cine Emperador.
Cuando yo tenía unos siete años, comencé a ir con ella, al menos una o dos veces por mes, a abrir el cine antes de la primera sesión de la tarde. Sobre las cuatro y algo de la tarde.
¡ Ella llevaba las llaves del cine ! Abría aquella puerta acristalada y entrabas como en un palacio de mármol, barandillas prodigiosas, escalinatas que llevaban hacia un espejo enorme donde se reflejaba la gran lámpara de bohemia, el ambigú, los aseos, los pasillos, puertas de madera con una ventanita redonda como de un camarote y detrás, cortinones espesos de terciopelo que abrían los ojos al sueño.
¡ La gran sala ! El gran patio de butacas de madera y terciopelo, y aquellos huequecitos en las paredes, los palcos, con unas sillas de madera incomodísimas.
Yo siempre quería ir a los palcos a ver la peli, después.
- Pues yo también quiero ir a un palco, mamá.
- Creo que por ahí fue cuando empecé a soñar.... Veía a Eloína desde el principal preferente cuando empezaba a entrar el público a la sala, con ganas de que apagaran ya la luz, y la sala se iba llenando, a veces muy llena, otras veces menos. Yo no tenía butaca numerada, y había alguna vez que me tenía que mover del principal preferente, porque las habían vendido todas, entonces iba a un palco.
- ¿ Tú podías sentarte donde tú quisieras ?
- Sí... más o menos en una zona, donde Eloína me decía.
Cuando todo el mundo estaba sentado y comenzaba el no-do o la publicidad, había una música siempre que decía... M O V I E R E C O R D... y ahí era cuando ya comenzaba. ¡ Al sitio!
Mi amiga me traía algún chuche del ambigú, la veía venir con la linterna, y también veía una luz que provenía del proyector, muy alto, ese foco de luz sobre la gran pantalla por encima de todas las cabecitas, y miles de partículas flotando como de polvo y sueños, todo mezclado.
- Sí es más bonito que el del centro comercial. A mí lo que más me gusta es ese asientito que hay para estar más alto. Yo cojo dos.
¿ Te digo el nombre de los villanos ?
- ¿ Qué villanos ?
-¡ Pues de los de la peli !
- Ah sí... claro, dime.
- El barón Ashura, El duque Gorgon, El Conde Decapitado y el Dr. Hell.