21 ago. 2010

la relación


"...La relación con otro ser humano es una de las cosas más importantes de la vida.La mayoría de nosotros no somos muy serios en nuestras relaciones porque nos interesamos primordialmente en nosotros mismos y en la otra persona cuando nos resulta conveniente, satisfactorio o sensualmente gratificante. Ahí estamos el otro y yo, dos entes separados, cada cual ocupado consigo mismo, y que durante toda su vida mantiene una división permanente hasta que llega la muerte.
¿Puede la bondad florecer en medio de todo esto?
La relación requiere una gran dosis de inteligencia. Ésta no puede enseñarse ni adquirirse en un libro. No es el resultado cumulativo de una amplia experiencia. El conocimiento no es inteligencia. La inteligencia puede hacer uso del conocimiento.
La inteligencia adviene de forma natural y con facilidad cuando se ve toda la naturaleza y estructura de la relación.
Por eso es importante disponer de un "tiempo libre" para que el hombre o la mujer, el profesor o el estudiante puedan conversar tranquila y seriamente sobre su relación, de manera que se vean sus reacciones, susceptibilidades y barreras tal como son, sin imaginarlas ni tergiversarlas para complacerse mutuamente, ni reprimirlas con el fin de aplacarse el uno al otro."

J. K.

1 comentario:

Guzmán. dijo...

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Mi hermano ha muerto;
éramos como dos estrellas en un cielo desnudo.
Él era igual que yo:
la piel tostada por el cálido Sol
en la tierra de suaves brisas,
oscilantes palmeras,
y ríos de agua fresca;
donde son innumerables las sombras,
y hay cotorras y papagayos de vivos colores.
Donde las copas verdes de los árboles
danzan bajo la refulgente luz del Sol;
donde hay dorados arenales
y mares de color verde azulado:
donde el mundo vive bajo el peso del Sol,
y la tierra cocida es marrón mate;
donde el arroz verde
centellea cautivador en las aguas limosas,
y los cuerpos tostados, desnudos, brillan
libres en el resplandor deslumbrante.
La tierra
de la madre que amamanta a su hijo al borde de la carretera;
del devoto amante
que trae en ofrenda vistosas flores;
del santuario a la orilla del camino;
de intenso silencio;
de paz inmensa.
Murió;
lloré en soledad.
Allá adonde iba, oía su voz
y su risa alegre.
Buscaba su rostro
en cada caminante
y a cada uno preguntaba si había visto a mi hermano;
pero ninguno de ellos podía darme consuelo.
Rogué,
recé,
mas los dioses guardaban silencio.
No me quedaban ya lágrimas;
no me quedaban sueños.
Lo busqué en todas las cosas,
en todos los países.
Lo oía en el susurro unísono de los árboles
llamándome a su morada.
Y luego,
en mi búsqueda,
apareciste Tú,
Señor de mi corazón;
sólo en Ti
vi el rostro de mi hermano.
Sólo en ti,
mi eterno Amor,
veo los rostros
de todos los vivos y de todos los muertos.

El Canto de la Vida, 1931.
Krishnamurti 100 años de Sabiduría, Evelyne Blau.
http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/